En
mi humilde opinión este tema es un pilar fundamental en nuestra evolución como
seres maduros y emocionalmente emancipados. Ya me he referido a este tema en
alguna entrada anterior (más en concreto relativa a su repercusión en el área
de la pareja) pero es preciso subrayar su gran importancia ya que este proceso
interior repercute muy positivamente en muchas otras áreas de nuestra vida,
como puede ser el área laboral, relacional, la confianza en uno mismo o incluso
en cómo tratamos a la madre Tierra.
Tomar
a los padres es un proceso no exento de dificultades, ya que implica la plena
aceptación de todo lo que vino a través de ellos (sea considerado bueno o malo).
En este sentido quiero recomendar la lectura del magnífico libro ¿Dónde están
las monedas? de Joan Garriga Bacardí, donde expone esta temática de manera
clara y sencilla y se adentra en diversos aspectos para poder transitar este
sendero de la mejor forma posible.
La
plena aceptación de ellos nos coloca en una posición en la que reconocemos su
lugar (ellos vinieron primero y nos dieron el regalo más preciado que es la
vida) y les respetamos tal y como son, libres como personas que son de hacer
con sus vidas lo que han elegido para sí mismos. Este gesto nos libera de las ataduras
emocionales que supone el estar enredados en esta energía o en sus asuntos y
ponernos “por encima” de ellos. Verdaderamente sólo conseguimos ser adultos
cuando observamos y reconocemos nuestro lugar respecto a ellos y nuestro cometido,
que es hacernos cargo responsablemente de nuestras vidas, lo que supone el
mayor regalo hacia nosotros y hacia ellos.
También
les tomamos y asumimos o integramos nuestra condición de, como suelo llamar, “mujer y hombre
internos” (nuestros yin y yang saneados o esenciales; es decir los no “egóicos”-resultado
de tomar prestados los conceptos mentales y estereotipados de la cultura-) para
obrar en este mundo de maneras más armónicas y respetuosas con el medio (ver
entrada de “temas relacionados”), con nuestra pareja y la sociedad. Es muy
habitual que busquemos inconscientemente en la pareja aquello que nunca
logramos aceptar o reconocer en nuestros padres, lo cual nos coloca en un bucle
de una nueva dependencia emocional. Este patrón pone de manifiesto la necesidad
de mirar en la dirección adecuada y sanear la causa primera de tal desorden.
Un
trabajo que ayuda a afianzar este proceso es el de configuraciones familiares o
sistémicas (también comúnmente conocidas como “constelaciones familiares”), un
enfoque de amplia mirada a la par que efectivo ya que va a la raíz de esta problemática
tan generalizada en nuestra cultura.
