Este
es un epígrafe por completo distinto a casi toda la temática anterior, que doy
por concluida o aclarada. El tema que ahora abordo es poco conocido (y sin
embargo muy numeroso) pero del que puedo dar algunas pinceladas debido a que yo
misma he sido “gemelo solitario”, término genérico acuñado ad hoc.
Se
trata de una temática a mi entender fundamental debido no sólo al gran número
de personas que (muchas veces sin saberlo) han perdido a un gemelo/a o
mellizo/a durante su propia gestación (así es en la mayoría de estas ocasiones
aunque también se puede producir la pérdida en el parto o tras este), sino
también por el calado y la naturaleza de la “sintomatología” asociada . Este
tema es muy complejo, por lo tanto es sumamente difícil resumir en una única
entrada en este blog.
En
esencia, las varias manifestaciones que se derivan de este traumático hecho
tienen un gran denominador común que yo resumiría en una dificultad para tomar
y anclarse bien en la vida.
El
gemelo -también llamado- superviviente forjó su identidad desde el mismo primer
estado de embrión junto con el otro ser (o seres) que le acompañó (él o ella
era “con”… o unido/a a…) y esto es indiscutible tal y como repetidamente se ha
podido comprobar de manera vivencial (sobre todo de manera inconsciente) como
incluso a nivel empírico debido a numerosos estudios.
Existe
una gran sensibilidad, unión y consciencia del “otro” en la vida intrauterina
(en absoluto debemos pensar que los embriones y fetos sean seres en estado de
anestésico letargo o que estén en una suerte de limbo). Hoy se sabe que es todo
lo contrario y que existe una enorme emotividad y actividad dentro del útero. De
tal manera que cuando se produce la pérdida, esta se vive como un momento dramático.
En su vida posterior, el superviviente reproducirá este hecho como una
“búsqueda” inconsciente de la otra identidad, esa “parte” tan estrechamente
vinculada a él/ella desde el mismo instante de su concepción . Se trata pues de
una sensación inconsciente de tener una identidad de alguna forma partida,
doble (en caso de haber sido dos). Y esto resulta en una falta de plena
identificación con el plano físico (el superviviente tiene una sensación de
estar aquí, pero también de no estar aquí -bien arraigado-). En no pocas
ocasiones se manifiesta una falta de apego por la vida (con los riesgos que
esto puede conllevar) por lo que es muy importante tratar bajo esta óptica el
problema.
Quiero
también señalar que una gran mayoría de estos abortos espontáneos suceden en los
tres primeros meses de gestación, por lo que en muchas ocasiones, para la
madre, no hay señales muy evidentes o palpables ya que en tales casos el
embrión se reabsorbe en la placenta sin dejar rastro. En la actualidad sin
embargo y con la ayuda de las ecografías tempranas, ya hay más evidencias en
laboratorio que hace unas décadas (cuando no se tenían).
Hay
además una serie de manifestaciones bastante comunes (en terrenos importantes
para la vida) como puede ser dificultades para comprometerse o enamorarse con
una pareja (debido a la idealización y comparación inconscientes); también falta de identificación con “el lugar” donde se vive (con
la consiguiente búsqueda de un lugar –mudanzas varias o deseos de trasladarse
viajando-. También en lo laboral se acusan dificultades; y en ocasiones se
trabaja “el doble” -dos empleos distintos p ej- .
Este
es un resumen demasiado corto (por lo tanto arriesgado), y si me atrevo a
hacerlo es porque yo misma puedo confirmar la naturaleza de tales hándicaps. Si
una persona al leer estas líneas percibe o intuye una identificación, animaría
a la lectura del libro El gemelo solitario de Carmen Cortés y Peter Bourquin.
En el caso de intuir que este tema le resulta familiar o acusar manifestaciones
similares a las aquí expuestas y sentir un genuino impulso a resolver temas
fundamentales de este calado (que por otro lado y típicamente ya no se sabe
cómo abordar para su resolución) desde estas líneas aconsejaría abordarlo en
los trabajos de configuraciones familiares o sistémicas (popularmente llamadas
“constelaciones familiares”) con un terapeuta que conozca y sepa abordar esta
temática en sus sesiones.
Lo
que a través del trabajo en constelaciones se persigue es conectar con el otro
ser (algunas veces puede ser un hallazgo por completo sorpresivo como fue mi
caso), reconocerlo como “otro” ser, con otro destino que hay que aceptar,
realizar el duelo y dejarle ir en amor, sin apegos inconscientes. Se trata de
un proceso que no es rápido. En mi caso, he necesitado alrededor de un año
(este suele ser el promedio) para llevar a término con éxito el proceso de
duelo y acoger la vida con toda la fuerza. Para mí, se ha tratado de una
experiencia muy necesaria y muy íntima. Todos los que hemos venido a esta vida
física, estamos aquí por alguna razón, y hemos de honrar a la vida como un
precioso regalo que es. En mi caso, la verdadera consciencia de este hecho y
trabajar muy a fondo el desapego han sido elementos clave en la dirección del
éxito en la consecución.
Así
mismo quiero mencionar que en ocasiones se llega a experimentar una desconexión
con el ánima/alma, llegando a minar la calidad de vida (mermando nuestra fuerza
y vigor para determinadas facetas creativas p ej.)
El
camino pasa por la plena aceptación del destino del ser perdido (normalmente es
gemelar, de dos) o seres. Entonces se está en buenas condiciones para estar “animado”(alineado
con su alma) y poder tomar la vida con plenitud en sus distintos aspectos.