Como anteriormente había apuntado, es
fundamental estar receptivos a lo que nos acontece. Se trata de un
“estar en el mundo” pero centrados en el interior; prestando
atención a lo verdaderamente importante. Hay demasiadas
distracciones, y parte de nuestra tarea es la del discernimiento.
Hay creencias algo más “superficiales” (que comunmente llamamos "juicios") y otras más “profundas” (o más arraigadas). Normalmente las primeras se referirán a aspectos relativos a acontecimientos más recientes (ya mencioné que a raíz de ciertas experiencias, hemos podido modelar una actitud determinada) o también pueden estar asociadas a ciertas ideas estereotipadas relacionadas con la cultura en la que estamos inmersos.
Por lo general, las creencias más arraigadas y “profundas” se han originado a edades muy tempranas. De hecho hasta alrededor de los seis o siete años, los niños son enormemente receptivos a las aseveraciones y sentencias de sus padres. Por eso es de suma importancia cuidar esta etapa al máximo y no definirles en términos limitantes ya que tomarán estas frases como creencias o verdades inamovibles y efectivamente les pueden marcar en sus vidas por muchísimo tiempo...
Hay infinidad de creencias que podemos advertir si prestamos atención. Voy a poner algunos ejemplos:
Soy una nulidad en matemáticas. Soy
tímido. Tengo mal genio. No soy listo ni creativo. Me parezco
demasiado a mis padres. Los hombres no lloran ni son vulnerables.
Nunca tendré pareja. Las mujeres son inferiores a los hombres. Mi
raza o cultura es superior a las otras. La vida es muy injusta y
difícil. Nunca voy a triunfar. Nunca me pasa nada bueno. Siempre voy
corto de tiempo. Cuando consiga lo que quiero, seré feliz. Mi
felicidad depende de los demás. Es dificil cambiar las cosas. Los
gérmenes me hacen enfermar. Mi dolor se ha vuelto crónico y ya
nunca desaparecerá. Hay algo “malo” dentro de mí. No puedo
permitirme tener tiempo libre. Dios se ha olvidado de mí. Soy
insignificante. Etc, etc...
Estará en nosotros el percibir intuitivamente si algunas creencias pueden ser más fácilmente manejables que otras, el grado de arraigo y el peso que tienen en nuestras vidas.
Prestaremos atención a frases que comiencen por (o incluyan) las palabras "siempre...." o "nunca...." ya que reflejarán aquellos pilares mentales más inamovibles.
De manera que, para nuestra primera tarea, por un lado hemos de estar alertas: a nuestros pensamientos limitantes repetitivos; y a la par, fijarnos en ciertos aspectos del exterior que pueden darnos pistas. Hablaré de la importancia de estar en el presente, y de la ley del espejo en este sentido, como buenas herramientas para esta fase de identificación.
Y desde luego una ayuda inestimable y
útil para esto, es la de escribir en nuestro diario. Ya comenté lo
efectiva que resulta esta práctica (al menos para mí) ya que es un
instrumento maravilloso para traer consciencia a nuestras vivencias y
a los matices que comportan.
Estar en el presente
Este
principio es aconsejable sin duda para toda la extensión de nuestra
vida. Es prácticamente sólo circunstancial el que haya ubicado este
concepto en esta entrada relativa a la identificación de las
creencias. Estar en el presente es de gran ayuda para TODO lo
concerniente a nuestra autoayuda, y a nuestro trabajo personal.
Es el estado natural; todos los niños “lo practican” de forma espontánea y automática. Nuestra “presencia” y atención hacia todo lo que ocurre es lo que nos conecta con nuestro cuerpo, nuestro “sentir” (de manera que en última instancia, el beneficio es doble ya que siempre implicará una presencia tanto exterior como interior) .
Vivimos tan “en la cabeza”, tan en el futuro, en el pasado y en las ideas, que nos hemos desconectado de nuestro verdadero sentir. La única manera de conectarnos verdaderamente con nuestro corazón es si estamos alertas; es decir, requiere estar presente, poner atención al instante; a las cosas que hacemos, a cada persona con la que hablamos...
Haré aquí un paréntesis con referencia a "estar presentes", aunque no tenga una especial utilidad para la tarea de la observación de nuestras creencias. Para un verdadero "nuevo presente" es importante el estar abiertos y dispuestos a la ruptura de nuestras rutinas. Aunque estemos bien presentes, si nuestra vida trancurre en un auténtico automatismo de rutinas fijas, no habrá mucho lugar para la entrada de lo nuevo. Al permaner en una "zona de confort", de alguna manera estaremos inhibiendo la entrada de las multiples posibilidades que la vida nos ofrece.
Una vez que consigamos estar conectados con el presente, fijémosnos en las expresiones y palabras que utilizamos para referirnos a nosotros mismos (¿son limitadoras o posibilitadoras?) y también a aquellas que oímos de los demás (¿les damos crédito? ¿tendemos a repetir frases-cliché como papagayos? participamos en los chismes y críticas?). Verdaderamente las palabras (hacia nosotros mismos y hacia los demás) tienen un gran peso e influencia, pues ayudan a conformar el mundo de nuestra percepción la cual a su vez interactúa en nuestro comportamiento.
Las palabras que expresamos son muy elocuentes. Hay un ejercicio fantástico para “capturar” creencias y pensamientos limitantes.
Ejercicio: registro de pensamientos limitantes.
Recordemos de nuevo que las palabras
(con sus pensamientos previos correspondientes) tienen peso. Y que a
mayor repetición, mayor arraigo tendrán en nuestra mente. Para este
ejercicio, puedes poner atención a si dices (o piensas)
“siempre...”, ya que esto es, con mayor claridad un indicativo
de que la sentencia en cuestión puede ser implicar que está más
arraigada.
Toma papel o una libretita que puedas llevar en tu bolsa, y apunta 5 pensamientos autolimitantes (verbalizados o no) que te observes teniendo a lo largo del día. Haz esto durante un par de semanas.
Este ejercicio es muy eficaz. No sólo
deja ver lo que nos decimos o decimos a los otros sobre nosotros,
sino que también ayuda a controlarlo ya que a medida que vayan
pasando los días, irás viendo cómo se reduce la cantidad de frases
y expresiones de pensamientos limitantes.
Desde luego que no has de tomar este trabajo con las creencias como la tarea que hay que hacer durante los proximos “x” meses.... Como ya decía, y todos sabemos, las cosas que van sucediendo en la vida sirven de guía como la “capa” o fase en la que “nos toca” detenernos en algo concreto.
Por eso mismo es estupendo el llevar un
diario, sobre todo si intuimos que estamos inmersos en una etapa de
cambio o algo dentro de nosotros nos pide el mismo. Es una brújula
perfecta, el timonel y compañero de viaje ideal para ir tomando
consciencia de lo que “nos toca” en estos momentos (puede que se
presente trabajar algo relativo a la sombra y lo sepamos; puede que
sea una cuestión de las creencias, puede que sencillamente
escribamos “sin saber muy bien”, pero la misma acción de
escribir nos llevará a ir hilvanando ideas y llegaremos a buenos
puertos).
Independientemente de que escribamos en un diario, puede que en la observación de nuestras actitudes, nos llame la atención algún tipo de patrón que tienda a repetirse, puede que advirtamos que hay cierta area de nuestra vida un tanto atascada y que queramos fluir en otra dirección de mayor amplitud de miras. Es entonces un buen momento para explorar (por escrito suele ser más fructífero) si tras ello puede haber algún tipo de creencia o idea limitadora. Hay multiples maneras de indagar.
Otra buena ayuda (en concreto de
grandísima utilidad para el trabajo con la sombra, como ya expresé)
es prestar atención a nuestros encuentros personales. Estos reflejan
cualidades afines a nosotros. Y por supuesto también se incluyen las
creencias. Me estoy refiriendo a lo que se llama la Ley del
espejo.
Mas tarde abordaré esta ley algo más
a fondo, cuando trate también el tema de la proyección y de la
percepción. Por ahora tan solo mencionaré que aquello que “damos”
de alguna manera también recibimos (en la sabiduría popular tenemos
dichos que apuntan a este principio, como “se recoge lo que se
siembra” o “Dios los crea y ellos se juntan”).
Por ello es útil fijarnos en las personas que nos rodean pues suelen reflejar el grado (similar) en el que sus mentes inconscientemente limitan su acceso a la plenitud y abundancia caracteríaticas de la vida y la naturaleza. Aunque de igual manera, esta ley se aplica a la sombra (ya sean aspectos concretos o creencias propiamente dichas).


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