viernes, 25 de enero de 2019

LA SUPERPOSIÓN DE LAS FUNCIONES CÓNCAVA Y CONVEXA


Este es un título que, en el contexto del blog, seguramente desconcierta, pero no podía condensar el contenido de una manera más sencilla.
Grosso modo, estas gráficas superpuestas (formando una especie  pez abombado con dos colas abiertas) ejemplificarían con cierta gracia la idea general e hilo conductor que este Blog sugiere.
Hace un tiempo que me venía a la mente la Campana de Gauss o bien la función cóncava como una manera gráfica y genérica de ver el desarrollo del ego (muy cercano o casi equivalente a la aparición de la “personalidad”) en la vida humana. 


La niñez se caracteriza por una práctica ausencia de personalidad o carácter egóico. Dicha personalidad empieza a forjarse muy lentamente y hacia los veinte años o tal vez algo más comienza a  arraigarse, convirtiéndose algo más tarde en esa careta o fachada que es nuestra tarjeta de presentación en el mundo; la personalidad y el ego (aunque tengan definiciones con matices distintos) tienen mucho en común ya que la personalidad se refuerza en y con el ego; cuanto más regidos estemos por el ego, mayor confusión tendremos creyendo que somos tan sólo nuestra personalidad (en su concepción más amplia y psicológica del témino, que hunde sus raíces en sus 9 tipos -eneagrama- según el miedo básico que caracteriza a cada uno de dichos tipos) . A veces hacia los 30 años o siguiendo hacia los 40 y tal vez algo más, correspondería la plenitud o cénit del ego, para despés entrar en la crisis de la mediana edad (replanteo y cuestionamiento de esta “identidad”). Cerca de los 50 comenzamos a congraciarnos con nuestro yo auténtico, avalados por la experiencia de unos años pasados con no pocos pesares, y asi la curva del ego va decayendo más y más hasta volver a ser casi plana hacia el final de la vida.
La visión personal de esta gráfica para el ego, (que yo sepa no la había visto relacionada así antes) ha encontrado con sorpresa que coincidía en sentido opuesto a la llamada “U de la felicidad” (Andrew Oswald), propiamente una función convexa. Nos viene a decir que, a grandes rasgos y contrastado con la experiencia real, se observa una evolución de la felicidad en forma de U a lo largo de la vida (de tal manera que los momentos más felices corresponden a la niñez-juventud, y con posterioridad a los 50 años aproximadamente.  Y es graciosa la coincidencia ya que justamente el ego en esencia es inversamente proporcional a la felicidad. Y la mayor cuota de felicidad se corresponde y coincide con las líneas cercanas al inicio y final de la vida.



Esta entrada quiere resaltar el hecho de que el recorrido vital es un camino circular en el que el final se da la mano y es cercano al inicio. Dos formas de vida en las que la alegría o la ligereza es más frecuente, el ritmo es más pausado pues se opera según se siente (el ritmo del corazón suele ser más lento que el de la mente), se disfruta de los pequeños placeres, hay un regocijo en el presente y se crean menos barreras hacia los demás pues la conexión es desde los aspectos y matices interiores integrados. Con el respaldo de la experiencia, que refuerza el verdadero valor de lo esencial, de lo que siempre hemos sido.
Por tanto y como conclusión personal, una propuesta (para tener la mejor calidad de vida tanto nosotros como en general el rumbo de este mundo) sería la de intentar transmitir a los niños la importancia de transitar por la vida minimizando en lo posible (ya que la formación de la personalidad es no sólo inevitable, sino necesaria) las manifestaciones de la personalidad, para que en su recorrido estuviese lo más saneada posible. E idealmente siendo conscientes de su existencia y naturaleza (de que tiene una función de máscara y que es transitoria).

En nuestra cultura occidental (con su culto a la juventud, además del culto al consumismo, tan próximo a seguir enganchados al mundo de la apariencia y el ego) verdaderamente se retrasa mucho el tránsito desde el cenit del ego a volver a la esencia, con lo que tenemos el reto añadido de precisamente tomar mayor consciencia y trabajar para que se produzca el declive de la curvatura hacia la mediana edad, lo que ayudaría a que la "U"de la felicidad consecuentemente tomara el giro  ascendente y contrario.

Se hace necesario pues no bajar la guardia, apoyándo esta evolución, ya que las inercias de nuestra cultura sumadas a nuestra inconsciencia generalizada no ayudan, sino más bien entorpecen, a que ese giro se dé de manera natural (en algunas culturas o tradiciones si se ve más favorecido este tránsito) 


Ya que estoy finalizando este Blog, no quiero tampoco olvidar ni desatender en esta entrada el otro (grandísimo) tema que a mi entender es igualmente pilar fundamental, base de una vida más armoniosa: tomar a los padres (tema que he tocado en las anteriores entradas) con aceptación y amor desinteresado para ser unos hijos adultos, y conscientes de la plenitud de haber integrado con éxito las energías masculina y femenina en nosotros para no proyectar esas faltas en más rencores y desequilibrios.              


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