A
pesar de que tengamos un concepto más o menos definido de lo que es la adultez,
vamos a explorar aquí la relación (según lo veo, estrecha) entre esta y la
forma de conexión emocional con nuestros padres.
La circunstancia de que vivamos inmersos en una cultura que, consciente o inconscientemente idolatra las figuras de autoridad y que por otro lado intenta retrasar lo más posible nuestro ingreso en una verdadera adultez, es consecuencia de esta relación no completamente resuelta. Ambas instancias (tanto elementos de la cultura dominante como los progenitores) resuenan en nuestra psique de la misma manera pues se relacionan con el mismo arquetipo (padre-autoridad-superyó).
Partiendo de nuestro binomio energético básico (yin/yang) que ya albergamos desde la niñez (N), se podría esquematizar el patrón de la escisión (corpórea) que se deriva, para las siguientes etapas arquetípicas, adulto (A) y padre (P)
N
|
A
|
P
|
masculino/femenino
(yang/yin)
|
hombre/mujer
|
padre/madre
|
necesidad
|
responsabilidad
|
autoridad
|
He
decidido exponer esta evolución, encuadrándola en la tríada relacional PAN
(Eric Berne) ya que así se puede apreciar mejor la manera en la que nos vemos a
nosotros mismos en cada etapa, en relación con las figuras restantes (ver en
“conceptos”).
Cada uno de los tres arquetipos se puede manifestar en cualquier etapa de nuestra vida, dependiendo del contexto. Por ej un niño puede activar su arquetipo “padre” frente a otros niños de su colegio, cuando ejerce de cabecilla en un grupo o pandilla; puede hacer de “adulto” cuando actúa de manera responsable y realiza cosas por sí mismo, explorándolas sin precisar ayuda, tiene la iniciativa de colaborar…y se comporta como “niño” cuando se aferra al estado de necesidad por la comodidad que le reporta (en mi opinión, muchas veces bajo la frustración de haber mostrado la voluntad de tomar parte y haberle sido negado su deseo, ya que muchas veces los padres no los consideran capaces cuando verdaderamente comienzan a sentirse capaces y desean responsabilizarse).
Muy al contrario de lo que muchos mayores sospechan, algo en los niños los impulsa hacia su inmersión en la responsabilidad, su deseo de hacerse “mayores” se hace patente de diversas maneras, si prestamos atención a estos detalles, en particular antes de que nuestra reiterada falta de credibilidad o negativas, hayan mermado e incluso frustrado sus ganas de seguir intentándolo (a la postre se puede llegar a invertir por completo la antigua manifestación, haciéndoles adoptar el cómodo rol de niño.)
Volviendo al tema principal de este apartado, tanto el niño como la niña, cuando no se les ha dado el apoyo e impulso necesarios para caminar por sí mismos, o bien han buscado una ayuda y se han visto sobreprotegidos, pueden llegar a establecer vínculos en mayor o menor grado, lo suficientemente fuertes como para no desarrollar un verdadero adulto en ellos.
La concreción de la idea “falta de adultez” en las dos vertientes de género es lo que comúnmente se denomina complejos de Edipo (en niños) y de Electra (en niñas). Y en general, esto suele finalmente manifestarse en muchísimas relaciones de pareja. Algo no marcha bien debido a que ahora el antiguo vínculo no saneado/trabajado se proyecta en la nueva pareja. Son relaciones de dependencia; no están basadas en el “igual a igual”, la plena confianza o en un sentido de libertad. En su lugar, suelen predominar sentimientos de dependencia, enganche, posesividad…
En ocasiones, en las relaciones filio-parentales se da una inversión de roles. Un padre o madre no debiera apoyarse en el hijo/a, más bien debiera dar apoyo. El padre o madre son los que apoyan y “dan”. Los hijos reciben. Todo lo que se sale de esto, ya constituye un desorden.
Cuando el hijo percibe “necesidad” o cierto grado de reclamo en circunstancias en las que el padre o madre aparentemente no puede gestionar, la tendencia suele ser a apoyarles en mayor o menor grado, ya que, inconscientemente se sienten en deuda con ellos pues les dieron el regalo más preciado e incomparable: la vida. En algunos casos se podría manifestar rebeldía -concretamente si ya llega a adolescente- lo que en el fondo podría esconder el temor a perder el rumbo o equilibrio de su propia vida. Percibiría que se cierne un desequilibrio e intenta que no afecte a su vida.
La conclusión que se deriva de todo esto, es la misma: la falta de sana inmersión en el arquetipo de Adulto (y Padre potencial). El niño/a debe dejar con amor, aceptación plena y respeto a sus progenitores (una suerte de “emancipación emocional”) para poder tomar de forma equilibrada la vida, y en un aspecto más personal, si es su deseo, una pareja.
Hay maneras efectivas de recuperar equilibrio (en la familia de origen) para los vínculos de dependencia (que se suele manifestar en falta de aceptación plena del progenitor tal y como es; la inversión de roles etc). En terapia familiar sistémica se denomina “tomar al padre/madre” al acto de aceptación, desde el corazón, con el consiguiente reconocimiento de esa energía en uno mismo, para no tener que proyectarla más en reproches, inversión de roles, bloqueos, búsqueda exterior etc. Se intenta corregir el orden perdido y se recupera la energía propia de la adultez.

No hay comentarios:
Publicar un comentario