Las creencias constituyen la gran masa
de “asideros mentales” que en incontables ocasiones nublan la
percepción real (la del corazón).
Este tema merece un espacio de tratamiento más amplio. Las creencias son más trabajosas en su gestión, ya que están más en la raíz de la psique y, en caso de que algunas de estas estén (valga la redundancia) bastante arraigadas, nos encontraremos buceando en el subconsciente, que es un terreno menos accesible (al menos mucho menos desde el plano consciente)
Este tema merece un espacio de tratamiento más amplio. Las creencias son más trabajosas en su gestión, ya que están más en la raíz de la psique y, en caso de que algunas de estas estén (valga la redundancia) bastante arraigadas, nos encontraremos buceando en el subconsciente, que es un terreno menos accesible (al menos mucho menos desde el plano consciente)
Cuando con-formamos nuestra personalidad, el proceso en sí mismo implica un auto-sabotaje, un sacrificio de nuestro ser esencial, una renuncia a nuestro ser multicolor por una escueta paleta de tonos entre los que tienen preferencia los blancos y los negros. Las creencias y miedos vendrían a ser la paleta que elegimos para los colores de nuestro cuadro vital.
Hablamos de creencias para referirnos a ideas y aseveraciones mentales que incorporamos como “pilares”, de la verdad. Por ejemplo "no tengo poder de convocatoria", "soy genial", "no tengo capacidad para hacer esto", "no gusto porque soy fea", "me como el mundo", "nunca me pasa nada bueno", "cuando consiga lo que quiero seré feliz" etc.
Las creencias, pueden ser limitantes o no limitantes (posibilitadoras)
Está claro que nos centraremos en adelante en las creencias limitantes. Podríamos añadir o incluir aquí los miedos que son tipos particulares de creencias limitantes que además nos paralizan .
Los miedos y creencias más básicos son aquellos alrededor de los cuales vamos articulando la personalidad, aquellos que respondieron a una necesidad no satisfecha por nuestro entorno familiar y que produjeron un pensamiento asociado a un sentimiento.
También se forman a partir de cierta experiencia pasada, (que percibimos negativa) la cual produce un pensamiento y un sentimiento. Si reforzamos estos pensamientos y sentimientos durante el tiempo necesario, se acaban transformando en una creencia, que estará tanto más arraigada cuando mayor sea el tiempo transcurrido.
Por lo general nuestras primeras creencias provienen directa o indirectamente de nuestros padres. Ellos nos fueron indicando lo que aceptaban y era “bueno” y lo que no era aceptable. Aprendimos pronto que si actuábamos según sus criterios, contaríamos con su apoyo y cariño. Nos reprendían y sentíamos su desaprobación si actuábamos de cierta manera y nos premiaban si correspondíamos a sus deseos de comportamiento. Por amor a ellos y por sentirnos amados, comprometimos parte de nuestra esencia y adoptamos creencias (muchas de ellas limitantes). Verdaderamente podríamos hablar de un amor “condicionado” (o así se manifestaba en lo externo)
No sólo están las creencias de los padres y familiares sino también nos influyen mucho las de la sociedad en general. Aquí el peso de la cultura dominante es muy grande.
Por lo general, lo que llamamos juicios, son creencias, aunque de menor arraigo en la psique que estas.
Para resumir un poco, tenemos:
-Creencias posibilitadoras (incluidos los juicios positivos)
-"Juicios" o Prejuicios (suelen ser de cariz negativo) y siendo considerados "creencias", tienen un menor arraigo en nuestra psique, que las creencias limitantes propiamente dichas.
-Creencias limitantes (Miedos y Creencias limitantes, que son similares en su tratamiento), de mayor arraigo en la psique.
Vayamos desglosando poco a poco estos aspectos en las próximas entradas del blog...

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